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viernes, mayo 17, 2013

¡Todo por mi callar atribulado!


El amor que calla.

   Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
¡pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres, tan oscuro!


   Tú lo quisieras vuelto un alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.

   Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que el entrar en la muerte!

Gabriela Mistral


martes, abril 30, 2013

Cuando sepas! (prestado)

Lo que publico a continuación fue escrito por mi amiga Grecia (de Tecate); me gustó y le dije que lo pondría aquí (aún no tengo el permiso expreso, pero confío en que me lo dará, jeje!).

Cuando sepas!

Y nunca quise olvidarte, pero me va haciendo falta. 
Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loco, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar. 
Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de qu te llegue. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. 
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos... nah. A lo que iba. 
Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. 
Sentirás lo ilógico de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no. 
Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. 
Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos felices. Sí, felices. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió. 
Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final. 
A partir de ahora, tú tranquilo, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mi. 
Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonto y disimula. 
Haz ver que me olvidas. 
Y me acabarás olvidando. 
De verdad. 
-G.N.-

lunes, abril 22, 2013

No me he olvidado de ti

No creas que me he olvidado de ti.
No te olvido, ni te hago a un lado.
Te tengo muy presente, cada día.

Te pienso.
Cuando camino,
o cuando cruzo la calle;
cuando escucho a Drexler,
o a los Cranberries.

No te olvido ni te hago de lado.
Te pienso y le pregunto a Él.
¡Le pregunto por que no sé qué hacer!
A veces los recuerdos me traicionan
y me hacen retroceder.

Aún no te conozco del todo.
Por eso me sorprendo casi por todo.
Y me siento como María:
guardando todo en su corazón;
reflexionando y observando.

¿Pero sabes?
Me resulta difícil guardar la paciencia.
¿Cómo hacerlo si no sé si debo guardarla?
¿Cómo hacerlo si tus palabras me afirman como mujer?
¿Cómo hacerlo si tu silencio es un enigma para mí?

Creéme cuando te escribo que no te olvido
ni te hago a un lado.
Es sólo que desearía saber si tú me olvidas o no.

sábado, abril 20, 2013

Sólo tú

Sólo Tú, Señor, sabes lo que pienso.
Sólo Tú conoces lo que siento.
Sólo Tú entiendes bien lo que me ocurre.

Por eso, sólo Tú puedes reconfortarme y
devolver mis ojos a lo que tengo por delante.

Sólo Tú, Señor, sabes perfectamente lo que hay en mi corazón...

Te necesito...


viernes, abril 19, 2013

Obligándome a cerrar el día escribiendo

Ya se está acabando el día y siento la necesidad de escribir, aunque sea un poquito, lo que pasó por mi cabeza/corazón. Estoy obligándome (literalmente) a hacerlo, pues esta tentación de quedarme tirada en la cama mirando el techo y quejándome del calor de mi habitación es muy grande. Pero ya, lo intentaré y haré un esfuerzo extra antes de clausurar la jornada.

¿"Tenía que" ir a esa feria de posgrados? Francamente, fui sabiendo que no siento la urgencia por entrar a una maestría, y por lo tanto, fui sin la expectativa de encontrar el hilo negro de mi destino. Desde hace algunos días, el asunto de tomar la decisión tomó un giro interesante, que incluyó pensar el posgrado en mi ciudad de origen. No me cierro a moverme -ni me aflige ni me asusta-, pero quedarme empieza a ser una opción seria. Seguramente eso influyó mucho hoy. Por supuesto, toparme con las siglas "UACJ" me sigue emocionando hasta el grado de pedir los informes que ya conozco (lo que me valió una bolsita con suvenires).

¿En verdad la maestría debe intimidarme tanto? Vaya, tengo este terrible prejuicio sobre la investigación y el ambiente académico acartonado; desde no sé cuándo miro hacia arriba a los que ostentan grados académicos y diplomas y cosas de esas que se cuelgan en la pared de una fría oficina. Pero ¿en serio debo tomarlo así? Recorrer stands, mirar folletería, escuchar el ofrecimiento de las becas (tal vez no había pensado lo importante que resulta eso ¡ocupamos dinero para vivir!), recibir plumas y cositas así me hizo preguntarme si meterse a la maestría es "tan grave" como pensé. Al final, me convencí que nada pierdo con intentar y meter papeles donde me interesa. Total: mi vida no será más ni será menos por intentarlo.

¿Por qué todavía disfruto estar entre los estudiantes? A veces bromeo y digo que paso tiempo con ellos para robarme un poco de su juventud. Pero lo cierto es que no puedo evitarlo: tener un llamado me lleva a cumplirlo sin resistencia, sin que me obliguen. ¿Acaso no han visto lo que generan las risas genuinas de un estudiante universitario? ¿acaso no se han percatado lo honesta que es su fe? ¿acaso no han observado cómo brillan sus ojos ante un nuevo descubrimiento o al comprender algo nuevo? ¡Es un milagro de la Vida! Es la evidencia más tangible del obrar de Dios en sus corazones. Es un privilegio ser testigo de todo esto, ¿o qué he hecho para merecer disfrutar de las maravillas que Dios hace en las vidas de otras personas?

¿Ya viste que no pasa nada si usas falda? Creo que desde la secundaria que no pasaba más de ocho horas en falda. Ha sido un GRAN logro moverme por la ciudad y el metro vestida así. Primero, porque mis complejos ¡puf! ya no están; segundo, porque descubrí que sí se puede y hasta es saludable en esta época de calor. Me siento como niña pequeña recibiendo su estrellita en la frente (je!).

Listo. Escribí algo sobre mi día, haciendo el último esfuerzo en medio del cansancio causado por la actividad y el calor.

Dios es bueno, y agradezco infinitamente que me permita reconocerlo en lo cotidiano. Caminamos juntos.

jueves, abril 18, 2013

En el camino

Señor,

Vamos caminando juntos. Tú me miras, yo miro mis pies y cómo se mueven uno tras el otro, dando pasos. Yo pienso las preguntas que me asaltan cada mañana antes de levantarme, y tú sonríes. Me conoces lo suficiente como para saber que en el fondo de mi corazón sigo sintiéndome como una niña pequeña descubriendo el mundo.

Señor, caminas conmigo. Siempre. No importa lo que yo sienta, o lo que mi imaginación traicionera quiera hacerme creer: siempre vas caminando conmigo. Ya sea que vaya por Zacatenco o por Reforma, ahí vas conmigo cruzando las avenidas, los corredores y los jardines; disfrutando los árboles, escuchando los gorriones o admirando el cielo de esta inmensa ciudad. 

Señor, camino contigo. Quizá no siempre. Te confieso que no siempre es fácil, ni sencillo, ni simple. Seguir tus pasos a veces me requiere abrir la zancada, a veces ir más lento, a veces correr aunque mi condición es pésima. Caminar contigo siempre resulta un desafío y una confrontación: al conocerte más me conozco a mí misma y entiendo que tengo mucho por aprender, mucho por renunciar, mucho por negar. ¡Pero en verdad lo intento, en verdad procuro hacerlo! Lo sabes Señor. Tú sabes que te amo.

Señor, me fascina caminar. No sólo como práctica cotidiana para trasladarme de un lugar a otro, también porque he descubierto ese espacio para la conversación, para el silencio, para observar, para reflexionar... Para descubrirte en los pequeños detalles comunes que ya pocos tienen en cuenta. Para ser quien soy sin temor al juicio o a la crítica, para ser sincera contigo. A ti también te gustaba caminar en las aldeas, entre las personas, con tus discípulos, ¿no es así? ¡Sabes de qué te hablo!

Señor, sabes que quiero caminar aunque a veces los pies duelan. No siempre entiendo la ruta que me marcas, ¡a veces ni siquiera sé qué hay unos metros delante! O peor aún: a veces sí sé que es lo que hay enfrente y me niego a avanzar. Pero en el fondo del corazón, de mi ser, quiero caminar. Ya llevamos cuatro años caminando así; y a cada encrucijada que llegamos y que no dices claramente dónde sigue el camino, puedo sentir el mismo temor por tener que decidir. Como ahora, que estoy mirando los diferentes caminos posibles, alzando el cuello desde la orilla, tratando de visualizar lo más que se pueda y verificar qué tan bueno puede ser. Pero estoy miope y tengo la vista cansada... ¿no podrías darme más pistas?

Señor, gracias porque me encontraste en el camino y me invitaste a caminar contigo. Gracias porque esa permanencia en el camino no depende de mi sentir o de mi imaginación: depende de ti. Gracias porque el trayecto venidero tú lo conoces y te quedas conmigo para transitarlo ¡porque tú quieres que yo lo transite! Gracias porque eso me da confianza y me anima a dar los pasos necesarios en medio del temor y el miedo.

¿Quieres que caminemos un rato, Señor?


miércoles, marzo 20, 2013

Despedida

Me despido. 
No hace falta dar explicaciones. 
Sólo me despido para dejarnos libres.

Una vez te miré y quise mirarme en ti.
Una vez te escuché y quise escucharme en ti.
Una vez te abracé, pero no logré abrazarme a mí.

Intenté caminar junto a ti.
Intenté compartir mi camino contigo.
Pero nuestros caminos se cruzaron sólo para alejarse más.

Me despido.
Sin dolor. Sin amor. Sin nada.
Sólo me despido.

Para dejarte libre.
Para dejarme libre.
Para yo ser libre.

Sigamos libres...

sábado, diciembre 15, 2012

Soy libre para ser Ada

Por fin rompí mi silencio interior. Semanas atrás había entrado en un mutismo y retraimiento que ni yo misma comprendía. Simplemente no podía tomar mi libreta rústica para mantener mi correspondencia con Dios. Me desesperé conmigo misma, me sentí culpable. ¿Por qué rayos no podía abrirme plenamente y decir lo que sentía, pensaba, soñaba? No lo sé, pero tuve que ser muy paciente. 

Hoy lo logré. Pude tomar la pluma y sacar parte de lo que traigo cargando. Lo lindo fue ser bien sincera con Él, decirle que no me nacía hacerlo pero que sé y estoy segura de que Él sigue conmigo, como siempre ha sido, que me sigue amando a pesar de mis propios temores, culpas, hartazgos y demás. 

Fue una conversación muy franca. Y pienso que un detonante clave fue que, ayer por la noche, estuve más consciente de que en este momento de mi vida me siento libre de ser quien soy; aunque sigo cargando con algunas inseguridades y complejos, ya no tengo miedo de ser Ada, con todo lo que eso implica, es decir, con fallas y aciertos. Ya no tengo miedo porque sé que soy amada y no hay nada en este mundo ni en el que viene que pueda quitarme ese amor.

No tengo que matarme intentando ser alguien que simplemente no soy. No hay necesidad de compararme con nadie, ni de mortificarme porque no cumplo los estándares o las expectativas que otros ponen en mí. Él es el único que puede pedirme un cambio y llevarlo a cabo, y sé que lo hace con ternura, de tal forma que es irresistible trabajar en conjunto con Él.

Soy libre de ser quién soy frente a Él, porque además ¡Él me conoce muy bien! No le sorprende ni le asusta mi personalidad, mi carácter o mis sueños, porque sabe quién soy. Entonces, ¿por qué tratar de ocultárselo? Si antes de que yo supiera de Él quiso traerme hacia sí, sabiendo lo que estaba haciendo con mi vida, ¿por qué tratar de disimular ahora? No tiene sentido, es absurdo e inútil.

Y por eso pude romper mi silencio y platicar sobre lo que estoy sintiendo y temiendo; pude pedirle ayuda, cuidado y fortaleza. Pude sentir su abrazo tierno, diciendo "Yo sé, y te amo", y responder con  una sonrisa y un suspiro de gratitud.

No hay más. Él es el amor de mi vida, pese a mí misma.


Y mientras escribía este post, estuve escuchando esta canción:


martes, noviembre 27, 2012

¿Quién eres, Señor?



¿Quién fue ese Jesús que trastocó tanto el mundo que le tocó vivir?

¿Por qué fue tan importante, y aún en mis tiempos se insiste en enseñarlo a otros?

¿Por qué digo que quiero conocerlo y amarlo con todo lo que soy?

¿Quién es este, que quiso morir en la Cruz?

¿Quién es este Dios que quiso encarnarse y habitar entre nosotros, como uno de nosotros?

¿Quién es este Rey de gloria que nació en un pesebre?

¿Quién eres Jesús? 
¿Quién eres, que un puñado de hombres no tuvo temor a comunicar a otros que Tú eras el Cristo, el Mesías?

¿Quién eres, que después de conocerte y seguirte el curso de la vida no ha sido el mismo, 
ni volverá a ser el mismo?

¿Quién eres, Señor? Quiero conocerte...





lunes, noviembre 12, 2012

Escucharnos unos a otros

Estoy leyendo a Stott en "El cristiano contemporáneo". Y en su segunda parte, que aborda el tema del discipulado, el primer capítulo de dicha sección nos señala la importancia de tener un oído atento, puesto que "todo discípulo verdadero es un oídor". Es importante escuchar a Dios, escucharnos unos a otros y escuchar al mundo.

Hoy leí una cita larga de Bonhoeffer que me llamó la atención por señalar que escuchar es un acto que expresa amor y no hacerlo es despreciar a nuestro prójimo. Me parece interesante que no sólo debemos mirar con los ojos de Dios, ¡también debemos escuchar con sus oídos! A continuación comparto el fragmento mencionado (el subrayado es mío):
El primer servicio que uno debe a otro dentro de la comunidad consiste en escucharlo. Así como el comienzo de nuestro amor a Dios consiste en escuchar su palabra, así también el comienzo del amor al prójimo consiste en escucharlo. El amor que Dios nos tiene se manifiesta no solamente en que nos da su palabra, sino también en que nos escucha. Escuchar a nuestro hermano es, por tanto, hacer con él lo que Dios ha hecho con nosotros. Cierto cristianos, y en especial los predicadores, creen a menudo que, cada vez que se encuentran con otros hombres, su único servicio consiste en "ofrecerles" algo. Se olvidan de que el saber escuchar puede ser más útil que el hablar...
... La cura de almas se distingue fundamentalmente de la predicación en que a la misión de hablar se añade la de escuchar. Se puede escuchar a medias, convencido de que, en el fondo, ya se sabe todo lo que el otro va a decir. Estas es una actitud impaciente y distraída de escuchar que desprecia al prójimo, y en la que no se espera otra cosa sino el momento de quitarle la palabra. 
... Los cristianos... han olvidado que les ha sido encomendado el ministerio de escuchar por aquel que es "el oyente" por excelencia, que quiere hacernos partícipes de su obra. Debemos escuchar con los oídos de Dios para poder hablar con la palabra de Dios.

miércoles, octubre 24, 2012

Despidiéndome de Juárez

Tarde en ICSA

Estoy a unas horas de tomar el camión que me llevará a la ciudad de Chihuahua. Ya hice la maleta, y desde ayer empezaron las despedidas.

Para mi sorpresa, otra vez tengo la sensación de no querer irme: un sentir que susurra en mi corazón y que presiona ligeramente mi pecho, como para frenarme y detenerme. Y es que desde hace un año Ciudad Juárez atrapó mi corazón, y en cada visita me quita un pedacito de él, reteniéndolo en el cielo, en el sol, en las calles del centro, en los amigos, en el viento. 

Ayer, mientras tomaba una nieve frente a la catedral, observaba a mi alrededor, a las personas y los autos; escuchaba los sonidos y sentía el viento suave. Y no pude resistir decirle a mi amigo con quien estaba: "Es que, en serio, me gusta Juárez". Así como la he conocido, con el descuido del gobierno a cuestas, con las heridas y cicatrices visibles, con la indiferencia de otros, con el juicio que señala (a veces injusto, o incluso ignorante)... así, con las fachadas de las casas sin pintar, los negocios cerrados, el transporte público deficiente, los baches de las calles; así, con el rostro sucio de los niños, las palabras altisonantes de los choferes... Así como la he conocido y escuchado, así me gusta. Así empecé a querer  esta ciudad de frontera.

Justo me preguntaban: entonces, ¿sí te sientes cómoda aquí? Y creo que esa pregunta no es la adecuada, porque mi respuesta sería que no, no me siento cómoda, porque toda la vida la he hecho en una ciudad capital que brinda acceso a mucho más de lo que aquí puedo tener. Si se trata de comodidad, mejor me quedo en el DF. Sin embargo, algo ha sucedido dentro de mí que me lleva a considerar dejar todo eso para venir acá y entregarme a otros, servir a otros, morir a mí misma por otros.

Ya no es la euforia, ni la emoción, ni la ilusión. Ahora es la evaluación seria, el silencio, la medición de los costos. Y en medio de todo, sigue presente ese interés por un lugar y por un pueblo que clama y evidencia una necesidad fundamental.

No quiero irme de aquí. Pese a todo lo que otros piensan, creen e imaginan, esta ciudad es hermosa; yo tengo esa convicción. Pero es necesario dejar los estándares tan arraigados y cambiar la perspectiva. Estoy segura que vendrán mejores tiempos, y quiero ser parte de ese proceso y de esa espera.

Me iré, pero confío en que podré regresar.

lunes, septiembre 24, 2012

De mis dudas e inquietudes



Quiero escribir acerca de lo que está pasando en mi cabeza, aquellas ideas e inquietudes que dan vueltas en mi mente y que, de manera sorprendente, no se han ido ni esfumado -a diferencia de otras  ocasiones.

1. Estoy por ser licenciada en Trabajo Social y soy cristiana, ¿Y LUEGO? 

Desde antes de las elecciones del 1º de julio empecé a tener cierta inquietud por conectar mi fe con mi hacer profesional, o por lo menos con el saber. 

Durante el proceso de titulación leí cosas de política social que empezaron a cautivarme, lo que me resulta extrañísimo porque durante la carrera huía de esos temas, porque dudaba que pudiera comprenderlos. No es que ya sea erudita y brillante, pero capto mejor algunos asuntos y me siento casi obligada a tener una vinculación con mi fe cristiana. ¿Qué dice la Biblia sobre esto? ¿Hay algo más allá de "ayuda al necesitado"? ¿Puedo encontrar parámetros éticos en la Biblia para la formulación de políticas sociales? O sin ser demasiado específicos, ¿qué me dice sobre la sociedad?

Una conclusión para mí misma ha sido: No quiero limitar mi fe al ámbito privado (amigos, familia, trabajo, congregación), quiero sacarla y dialogar con la realidad teniéndola presente y activa. ¿Cómo hago esto? ¿Por dónde le llego? 

Si bien hay personas a mi alrededor que me han dado ejemplo, quienes más me han inquietado han sido aquellos que, sin pelos en la lengua y sin ser cristianos, han levantado la voz y están inconformes. Y de forma muy reciente, estudiar historia de la Reforma y conocer más sobre esos hermanos en la fe que, descubriendo la Biblia y su mensaje, decidieron obedecer a Dios y ser fieles a Su Palabra; tener conocimiento de esto es fascinante para mí y me anima/desafía a arriesgarme y entrarle a la reflexión y estudio serio y profundo de las Escrituras, procurando el dialogo y la interacción con esta realidad en la que vivo.

2. Estoy trabajando en un ministerio estudiantil, acompaño células... ¿hay algo más que pueda aportar al Compa?

Ya pasé por la Universidad, y aprendí cosas. ¿Qué puedo poner al servicio del ministerio que Dios usó para que conociera a Cristo? He pensado en aquello que tiene que ver la planificación de proyectos, así como en lo que sé hacer (como estrategias de aprendizaje) que pueden ser útiles para los estudiantes, los estudios bíblicos, los campas, los asesores... 

Pienso en las habilidades y en lo que me gusta hacer, ¿acaso no sería lindo ir construyendo algo más concreto, estructurado? ¡Quiero hacerlo! No me gustaría ser mediocre en mi trabajo; si bien, decimos que esto de los ministerios son "servicio para el Señor" eso no significa que no debamos procurar ser profesionales en lo que hacemos. Si es para el Señor, ¡con mayor razón debemos buscar echar mano de los recursos que tenemos a nuestro alcance!

Que requiere esfuerzo y tiempo, sí; pero ¿en qué trabajo "normal" no necesitamos esforzarnos y dedicar varias horas para sacar el encargo del jefe?


3. Mi corazón late... y estoy buscando/esperando...

Para qué les miento, el tema del amor ha estado presente últimamente, aunque es diferente a cuándo yo era una adolescente. Pero no me miren como una soltera desesperada, por favor, no es el caso; así que evítenme la pena de rechazar sus invitaciones a conocer al soltero más cotizado de su iglesia, se los suplico.

Estoy disfrutando mucho mi soltería, los tiempos a solas son geniales porque puedo hacer lo que quiera o lo que necesite. Me gusta caminar por el centro de mi ciudad, observando y pensando en silencio; me encanta estar con mis amigos y mis amigas, así como los desayunos y las comidas con mi familia. Escuchar a mi mamá y compartirle mis ideas y anécdotas. Vaya, no estoy peleada con mi soltería.

Lo que sí está ocurriendo es que las dudas sobre el tema ya salieron a flote. ¿Hay parámetros para elegir novio? ¿Qué debo observar? ¿A quién le hago caso? ¿Puedo o no tomar la iniciativa? ¿Cuándo y cómo? ¿Para qué quisiera un noviazgo ahora, qué estoy buscando/esperando? Creo que tengo muchos miedos y no se irán hasta que se permita que el Señor trabaje con ellos; así que debo ser humilde y dejarme moldear... y cuidar por quienes me conocen bien y pueden detectar el peligro antes que yo.

4. Hablas de misión... ¿y con quién dices que te juntas?

Estoy rodeada de cristianos. Hace un buen tiempo que deje de estar en contacto personal constante con aquellos que no tienen la misma fe que yo, ¿dónde rayos estoy desarrollando relaciones de amistad que me lleven a compartir el Evangelio de Jesús? El riesgo es que me acostumbre a la comodidad, ¡algo tengo que hacer! Pero la decidia es un mal constante mío, necesito enfrentarme a ella y meterme a clases de algo, ir allá fuera.

5. Mi poca identidad profesional, y la "mala influencia" de los historiadores.

Este asunto todavía es un poco complicado para mí; no porque yo me sienta mal sino porque algunos dirán que estoy loca. Observando bien, los últimos tres años de mi vida he estado rodeada de historiadores, siempre hay uno presente cerca aunque sea por unos meses, y eso ya empezó a tener efectos secundarios.

Ayer bromeaba con una amiga al decirle "los historiadores son una mala influencia para mí: me hacen pensar, ¡y eso es peligroso!". Y, bueno, no sólo son ellos, también son los libros y las lecturas que he tenido últimamente; por ejemplo, inicié "El cristiano contemporáneo" de John Stott y en su introducción habla de la importancia de vivir el presente pero sin desechar el pasado y sin dejar de mirar al futuro...  Además, el semestre pasado leí un par de artículos de Lorenzo Meyer, y también un fragmento de un libro de Daniel Cosío Villegas. Ese tipo de reflexiones, pensamientos y planteamientos me emocionan y entusiasman, igual -o incluso más- que lo que revisé en la carrera.

Si bien, estudiar historia no es algo que tenga planeado para el corto plazo, sí es una inquietud que no se ha ido... y sí continúo rodeada de historiadores, difícilmente se irá.

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Ayer, después de una charla acompañada con un rico té, ya que estaba en silencio, recordé el fragmento de un canto de la comunidad: "... que la multitud de mis penas, de mis dudas e inquietudes cambien en vigor y en certeza". Esa es mi oración ahora. Que el Señor, Aquel que ha puesto todas estas dudas e inquietudes en mi corazón, sea quien las trabaje y quien trabaje conmigo para que se conviertan en certezas, en hechos y en acciones que contribuyan a la extensión de Su Reino. Así sea...


jueves, agosto 09, 2012

Gracias


Gracias.
Gracias porque en la incertidumbre,
Tú estás.
En el dolor,
no me sueltas.
En la vergüenza,
no me abandonas.

Gracias porque en mi ceguera,
permaneciste enfrente mío.
En las ausencias,
te mostraste.
En mi tormenta emocional,
tu silencioso consuelo fue suficiente.

Gracias porque en tu soberanía
decidiste quebrarme,
mostrarme qué hay en mi corazón.
Y porque, en esa vergüenza,
Tú hablaste profundo,
con firmeza.

Gracias porque mi pecado
jamás es obstáculo para ti.
Porque no dudas en hacérmelo saber
para arrepentirme
y volver a ti.

Gracias porque la única plenitud es en ti,
¡y me llevas a desearla con todo mi corazón!
Porque puedo mirar atrás y decir, 
sin temor a equivocarme,
que esta vida es la mejor que puedo vivir
en este mundo.

Gracias porque en medio de mis dudas e inquietudes,
Tú das vigor y certeza.
Porque pones mi mano en el arado,
y me animas a seguir trabajando.

Gracias, Señor mío, simplemente gracias.




jueves, mayo 31, 2012

Poco escribir... mucho vivir

Hace más de un mes que no escribo nada "mío". Y no es que tenga poco qué decir, más bien hay mucho qué decir. Mucho.

No ha sido una decisión intencionada no escribir. Más bien, ha sido parte del proceso mismo, del ritmo de la vida que me toca ahora. No, no es que esté "demasiado ocupada". No quiero decir eso. Me refiero a la etapa que ahora transito.

Tal vez antes creía que las transiciones eran muy evidentes, que podías darte cuenta que estabas en eso por el simple hecho de definirlo o pronunciarlo, y que era lo mismo para cuando concluían. Bien, me equivoqué. Porque ahora descubro que mi transición (la de ahora) inició sí, a finales del 2010, pero no ha terminado y parece que no terminará en unos pocos meses. Se trata de cerrar el ciclo de estudiante, pasar a la vida adulta, tomar decisiones "trascendentales", tomar responsabilidades. Por un momento creí que ya había acabado, pero no. Aún no.

Ya salí de la Uni. Pero ahora debo abrir la puerta, entrar y empezar a andar por ese camino. Ya he tenido algunas "probadas", tal vez para hacerme a la idea de cómo es ese asunto de "ser adulta". Pero ya vislumbró la toma de decisiones de peso mayor, como cambiar de residencia, o empezar el tiempo completo, o proponerme tener una pareja. Ya no son sólo sueños, ya son pros y contras, amenazas y oportunidades, sacrificios y satisfacciones.

Las transiciones también duelen, nos generan miedo e incertidumbre, porque abandonamos lo conocido para ir a lo desconocido. ¿Cómo será? ¿Podré hacerlo? ¿Y si nada sale bien? Pero recuerdo que hace un tiempo leí a Jorge Atiencia, en "Cómo pastorear y ser pastoreados", y explicaba que en medio de lo que constantemente cambia Él permanece; en medio de esas transiciones, a lo único que podemos aferrarnos y que nos puede dar verdadera seguridad es Jesús, ¡porque Él permanece y no cambia! Por eso, podemos confiar y descansar aún en medio de los cambios.

Es interesante observar que en todo esto, me sigo conociendo a mí misma. Lo que me gusta y lo que no, lo que quiero y lo que rechazo, lo que busco y lo que encuentro. Ha sido increíble y fascinante mirarme a través de la Biblia: identificar quién soy en Él y a dónde voy, qué anhelos persigo (o debo perseguir), qué sentido/propósito tienen mis pequeños pasos dentro de Su Gran Plan.

Sigo aprendiendo a caminar de Su Mano, ¡más en estas circunstancias! Sigo aprendiendo a confiar y a reconocer Su Gracia. Y sospecho que el resto de la vida así sera... Nada es seguro, sólo que Él permanece y que yo puedo confiar plenamente en Él.





miércoles, marzo 28, 2012

Parafraseando el salmo 90


Tú eres mi refugio, lo has sido de generación en generación.

Y permaneces, desde la Eternidad has permanecido, y por la Eternidad permanecerás.

Nada te es ajeno, y nada ignoras, ni siquiera mis pecados más ocultos.

A ti no te puedo engañar y tampoco te puedo sorprender, porque Tú eres Dios.

No te sorprende mi pecado, pero tampoco te agrada; Tú eres justo y santo.

Pero también eres amoroso y por eso puedo suplicar misericordia...
¡Compadécete de mí, Señor!

Sea tu gracia sobre mí, porque es lo único que tengo y que me hace bien.

Confirma tu obra en mi vida, confirma tu llamado a mi corazón, confirma el trabajo de mis manos para que Tú seas glorificado.

Amén.

sábado, enero 07, 2012

¡Yo creo en tu resurrección!

Hoy se cumplen cuatro años de la muerte de papá. Lloro y me duele recordar que en el último momento él rechazó la fe en Cristo. Y a mi mente viene este canto de la Hermana Glenda: "yo creo en tu resurrección, porque puedo entregarme a pesar de todo este dolor, porque puedo amar, porque tengo tanto, tanto para entregar".

A pesar del dolor y de mi duelo Dios, en su misericordia, me toma y me consuela; a pesar de este dolor tan profundo, me concede la gracia de entregarme y amar a otros. Si no fuera por su Espíritu, no lo podría hacer.

Les comparto el canto y la letra.


Yo creo en tu resurrección
Porque puedo amar, puedo reír
Puedo abrazar mi mayor enemigo
Y mirarlo en ti

Yo creo en tu resurrección
Porque tengo paz en mi corazón
Porque puedo entregarme
A pesar de todo este dolor

Yo creo en tu resurrección
Porque soy feliz junto a ti
Porque me amas tanto
Que hasta moriste por mí

Yo creo en tu resurrección
Porque puedo amar
Porque tengo tanto, tanto
Tanto para entregar

Yo creo que tú, Señor
Vivirás en mí
Yo creo que tú, Señor
Vencerás en mí
Yo creo que tú, Señor
Moraras en mí
Para siempre, para siempre
Señor

Yo creo en tu resurrección
Porque ni el dolor ni mi propio error
Ninguna angustia podrá
Separarme de tu amor

Yo creo en tu resurrección
Porque todo lo puedo con tu amor
Porque sé que cuidas de mi vida
Mejor que yo

Yo creo en tu resurrección
Porque puedo amar
Porque puedo entregarme
A pesar de todo este dolor
 Yo creo en tu resurrección
Porque puedo amar
Porque tengo, tanto, tanto
Tanto para entregar

Yo creo en ti, Señor
Yo creo en la fuerza de tu ida
Creo que donde sobreabundo el pecado
Sobreabundo más tu gracia
Creo en la fuerza
De tu pequeña semilla en nuestro corazón
Que da el ciento por uno
Creo que vives en nosotros
 Yo creo en ti, Señor

Yo creo en tu resurrección
Porque puedo amar
Porque puedo entregarme
A pesar de todo este dolor
Yo creo en tu resurrección
Porque puedo amar
Porque tengo tanto
Tanto tanto para entregar.

sábado, noviembre 19, 2011

En la espera

"La espera enseña y te acerca a Dios".

Esta frase la tomo de un amigo colega en la Obra. Y lo hago porque me ha dejado pensando que estoy en eso: en la espera.

No sólo es la espera de un hombre con quien compartir la vida; también es la espera del momento en que reciba mi titulo, no como algo que me enaltezca, sino como testimonio de la fidelidad de Dios durante mi tiempo de estudiante. La espera del tiempo en que estaré en el lugar del cual me enamoré hace un mes, y en el cual quiero sembrar e invertir parte de mi vida.

La espera. Ese proceso que tanto nos cuesta trabajo pasar a los seres humanos, más si estamos inmersos en un contexto donde las cosas son rápidas, porque "hay que ahorrar tiempo"... ¿para qué?

En la espera no "ahorramos". Invertimos tiempo y muchas otras cosas. Si ahorramos, sólo depositamos algo, tal vez lo que nos sobre, para usarlo después cómo mejor nos plazca. Pero si invertimos, tenemos que trabajar porque la idea es ver un fruto, no sólo acumulación. Eso requiere esfuerzo, sudor, y seguramente dolor.

Sé que puede ser muy capitalista esta idea, pero me he quedado pensando en eso de la espera y lo que implica: no es "no hacer"; esperar tiene que ver con alguna certeza, algo que ocurrirá porque antes hubo un proceso de preparación o algo similar.

Esperar tiene que ver con tener esperanza. O más bien al revés: la Esperanza tiene que ver con la espera. Los que hemos creído en Jesús, tenemos esperanza porque estamos esperando que Él regrese... y lo hacemos con la convicción de que así será, porque Él lo prometió.

La espera nos acerca a Dios. Como no podemos con nuestras ansias y desesperación, necesitamos enfocarnos en Aquel que cumple sus promesas. Acercarnos para seguir alimentando la esperanza, para tomar aliento y mantener firme la esperanza. Dependemos de Él, de su fidelidad, de su gracia... ¡porqué nos des-esperamos!

Estoy en la espera, no sólo de las cosas que arriba dije. Estoy en la espera de Jesús, de su regreso... porque es lo único verdaderamente valioso que me hace seguir esperando en esta vida.

viernes, noviembre 04, 2011

El Espíritu de oración

Desde hace un par de semanas, he empezado a incorporar a mi tiempo devocional la lectura de algunas poesías. El libro que estoy usando se llama En comunión con lo Eterno de Francisco E. Estrello.
Hoy me topé con el siguiente texto; la verdad, me llegó...

El Espíritu de Oración.
Fenelón. 

No te desanimes por causa de tus faltas; condúcete contigo mismo, al corregirlas, como lo harías con tu prójimo. Deja a un lado ese ardor mental que deja exhausto tu cuerpo y que te hace cometer errores. Acostúmbrate gradualmente a llevar la oración a todas tus ocupaciones diarias. Habla, actúa, trabaja en paz, como si estuvieras en oración, como ciertamente debes estar.

Haz todo sin ansiedad, en espíritu de gracia. Tan pronto como te des cuenta de que tu natural impetuosidad está resbalando, retírate quietamente a tu interior, donde está el reino de Dios. Escucha únicamente la dirección de la gracia, y entonces no digas ni hagas nada más que lo que el Santo Espíritu ponga en tu corazón.

Descubrirás que te tornas más tranquilo, que tus palabras serán más pocas y más eficaces, y que, con menos esfuerzo, podrás lograr más bien.

No es cuestión de una lucha perpetua del entendimiento, lo cual sería impracticable, sino cuestión de acostumbrarse a una paz en la cual consultarás fácilmente a tu amado Señor acerca de lo que es tu deber. Esta muy sencilla y corta consulta se efectuará más fácilmente que los ansiosos y tumultuosos debates que usualmente entablamos con el yo, cuando nos dejamos vencer por nuestra natural impetuosidad.

Cuando el corazón se haya vuelto ya hacia Dios, podemos fácilmente formar el hábito de suspender los movimientos naturales del sentimiento ardiente, y de esperar el momento en que podemos obrar bajo el impulso de la gracia de Dios.

Te exhorto a procurar adiestrarte en esta dependencia de la voz interior, y entonces toda tu vida se convertirá gradualmente en una oración. Puedes sufrir, pero sufrir en paz es solamente la mitad del sufrimiento.


martes, octubre 25, 2011

Tomando lo que no me gusta...

Hoy visité la coordinación de Investigación de mi escuela, como parte de las tareas que comprenden mi exploración y búsqueda para encontrar la mejor opción de titulación que me permita concluir de una vez y por todas mi ciclo de licenciatura.

Desde el tercer semestre de la carrera tengo un "trauma" que ha derivado en un prejuicio hacia la investigación, y eso se ha convertido en una piedra en el zapato cuando se trata de considerar la tesis o el apoyo a la investigación como "buenas" opciones. Pero, otra parte de mí ha adoptado recientemente la idea de que debo entrarle. Vaya, dentro mío se desarrolla una lucha difícil.

No sólo han sido mis malas experiencias con las materias de Investigación Social I y II, también son mis inseguridades, mis miedos y temores, la poca visión para verme como "investigadora-académica" lo que me detiene. Como que no me la creo, pues.

Pero, ahora se presenta una oportunidad: entrar en el programa de apoyo a la investigación, con una beca y como opción para titularme en 8 meses. ¡Caray! Es una buena oferta, y tengo que tomar una decisión pronto; los papeles se entregan el 11 de noviembre... ¡eso significa que debo trabajar bajo presión! ¡Y no me gusta!

Pareciera que lo que no me gusta me lo han puesto enfrente a propósito, ¡para que lo tome! Esto puede significar una oportunidad para confiar más en Dios, lanzarme teniendo la convicción que Él va delante de mí... dejando todo en sus manos. Después de todo, ¡también los investigadores necesitan escuchar de Jesús!

Que la paz del Señor anide en mi corazón, y confíe que también tiene cuidado de esta área de mi vida.

martes, septiembre 27, 2011

Temblor

... y es que tengo miedo de ser lastimada por tus palabras... 
Por eso tengo ganas de correr, de esconderme... 
porque tengo miedo que tus palabras me hieran.

¡A veces no sé qué esperar! 
Por eso, ahora mismo quisiera ser tan pequeña como un granito de arena,
para perderme en el infinito mar...